El discurso del presidente estadounidense sobre Oriente Medio, pronunciado a mediados de mayo último, duró aproximadamente 45 minutos, de los cuales poco más de 10 fueron dedicados al conflicto palestino-israelí. No obstante, fue este segmento el que más atención recibió. El mismo contuvo elementos positivos y negativos desde cualquier perspectiva que se lo mire y puede ser elogiado por su esfuerzo en balancear las preocupaciones y reclamos de ambas partes. A la vez, los aspectos problemáticos del discurso son reales y dieron lugar a un público contrapunto entre Washington y Jerusalem. Vayamos por partes.