El régimen sirio lleva adelante, desde hace tres meses, una represión atroz que no discrimina a los niños. Para atemorizar a los padres, los torturadores les han arrancado los dientes y las uñas a niños de 12 años. Algunos de esos chicos murieron, sin contar los centenares de manifestantes muertos, salvajemente golpeados y, por supuesto, encarcelados. Assad padre e hijo practican desde hace 40 años esas masacres a gran escala para mantenerse en el poder y continuar enriqueciendo a su familia y a sus amigos, mientras el país se hunde en la miseria.