El combate contra el terrorismo plantea dilemas laberínticos para cualquier democracia. Por fuera de las invalorables pérdidas humanas y de los daños materiales, el terrorismo atenta contra una forma de vida establecida. El objetivo de cualquier tipo de terrorismo – ya sea anarquista, anticolonialista, separatista o religioso– es generar un cambio político a partir de los efectos sociales de una acción violenta. En el siglo XXI, el terrorismo busca limitar las libertades individuales y circunscribir los principios fundamentales y rectores de las sociedades abiertas.