Los atentados de París volvieron a poner a consideración de la gente la compleja trama de alianzas, guerras inútiles e hipocresía que caracteriza al juego del poder en Medio Oriente. El error está en creer que la dimensión imperial (la vocación, acción y posibilidad de influir o controlar otros pueblos) radica únicamente en potencias como Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia o China.