Todo parece indicar que el Sr. Erdogan se ha quitado la careta inexistente de “musulmán moderado” y se ha puesto la kufilla de guerra palestina. Algún día tenía que pasar, tarde o temprano el islamismo genético tenía que salir. Israel está acostumbrado a tratar con islamistas que quieren la destrucción del único estado democrático del Oriente, que por mucho que se diga, hay que seguir diciéndolo. No es, ni deber ser una sorpresa que Turquía se ponga del lado de los terroristas islámicos. Su presidente el Sr. Erdogan lleva impreso en su fuero interno, su ADN genético, el odio a Israel anquilosado en la conciencia colectiva turca. Los genes imperialistas otomanos se trasmiten de generación a generación, a modo de metástasis cancerígena que se extiende por todo el “cuerpo islámico” y su deprimente primavera “democrática” árabe.
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