Viernes, 16 de septiembre de 2011 Todo parece indicar que el Sr. Erdogan se ha quitado la careta inexistente de “musulmán moderado” y se ha puesto la kufilla de guerra palestina.
por José I. Rodríguez
Todo parece indicar que el Sr. Erdogan se ha quitado la careta inexistente de “musulmán moderado” y se ha puesto la kufilla de guerra palestina. Algún día tenía que pasar, tarde o temprano el islamismo genético tenía que salir.
Israel está acostumbrado a tratar con islamistas que quieren la destrucción del único estado democrático del Oriente, que por mucho que se diga, hay que seguir diciéndolo. No es, ni deber ser una sorpresa que Turquía se ponga del lado de los terroristas islámicos. Su presidente el Sr. Erdogan lleva impreso en su fuero interno, su ADN genético, el odio a Israel anquilosado en la conciencia colectiva turca. Los genes imperialistas otomanos se trasmiten de generación a generación, a modo de metástasis cancerígena que se extiende por todo el “cuerpo islámico” y su deprimente primavera “democrática” árabe.
El Imperio Otomano no pudo mantener su dominio sobre una tierra, Israel, que ha sido piedra de moler, para quienes han querido tomarla por la fuerza de las armas, de dioses ajenos o de culturas paganizadas. El Islam no va a ser menos molido y demolido, que todos los que pretenden la destrucción de la milagrosa existencia del moderno Israel. El trasnoche del pasado imperialista de Turquía, quiere ser reeditado por un Erdogan con visos de seguir los pasos de megalómanos líderes del islamismo, tales como Mahmud Ahmadinejad en Irán o el presidente de Siria Bashar al-Assad. La ambición de poder de Erdogan, supera ya a todos sus congéneres islámicos, a los cuales molesta ser relegados a un segundo plano.
Los genes del odio están en plena ebullición, en un Edorgan que está amenazando a Israel utilizando la palabra “guerra” que traducido al pensamiento turco e islámico en general, significa yihad. Erdogan está llamando a la guerra santa contra Israel. Los que entienden el doble juego de palabras del espíritu islámico, saben a lo que en verdad está llamando un Erdogan camaleónico, que sabe cambiar la piel, el traje y los discursos, dependiendo del “selecto público” que quiere escucharle despotricar contra el enemigo sionista. Quien entiende la mentalidad islámica saben que Erdogan está encendiendo una peligrosa mecha explosiva contra Israel.
Nada cambia de un día para otro y menos el ansia de expansión y dominio de un humillado imperio turco, que pretende extender sus tentáculos más que sus anteriores predecesores. La gira que el presidente turco, está realizando por el mundo islámico, así como en la “meca política” de la Liga Árabe, está agudizando el odio endémico a Israel. Erdogan es recibido y percibido en Egipto como un nuevo libertador de las empobrecidas masas y oprimidas por Occidente e Israel. Los líderes egipcios están temblando ante un Erdogan que se cree superior a todos los dirigentes del mundo árabe. Las masas islámicas que atacaron la embajada de Israel, ven en Erdogan una especie de “mahdi” que traerá la paz en medio del caos y la destrucción en los últimos tiempos.
La primavera árabe, ya lo han dicho otros también, lejos de pretender y ser un cambio democrático para sus respectivas sociedades, es la puerta de entrada del terrorismo islámico a las esferas de poder real en todo el mundo árabe. Israel y Occidente deben estar preparados para un escenario dantesco, cuando el islamismo tome completo poder de las desvastadas dinastías dictatoriales que están sucumbiendo, con la ayuda de ese mismo Occidente. La ceguera y la ingenuidad de Occidente, carente además visión histórica, está preparando un catastrófico futuro, dominado a sangre y fuego por el único islamismo que existe, el que busca la destrucción de Israel y la imposición sangrienta del Islam en todo el mundo. Tiene razón el Señor Aznar, cuando dice, si cae Israel, cae Occidente. Lo que no se arregla antes de acabar este año, empeorará el que viene y recordemos que estamos en Elul, el que lee entienda.
Los Genes Imperialistas Otomanos
16/Sep/2011
El Reloj, José I. Rodríguez