La violencia se abrió paso con fuerza ayer en Egipto. Los enfrentamientos entre los bien entrenados seguidores del presidente Hosni Mubarak y sus detractores, los que más de una semana protestaron pacíficamente contra su derrocamiento, dieron la pauta sobre los deseos del mandatario: no quiere marcharse, como se lo pide la comunidad internacional y, principalmente, el aliado Estados Unidos, que le manifestó que se marchara ya.