Hace veinticinco años, representantes de todo el mundo se reunieron en Durban, Sudáfrica, para lo que debería haber sido uno de los esfuerzos más importantes que las Naciones Unidas podían emprender: una conferencia mundial contra el racismo. En cambio, Durban se convirtió en un punto de inflexión en la campaña moderna para deslegitimar a Israel y contribuyó a sentar las bases del tono, el lenguaje y la virulencia que actualmente se dirigen contra el Estado judío y contra quienes son llamados “sionistas”.