Dos episodios en apariencia inconexos son los que me mueven a escribir estas líneas: la celebración de una fiesta; y una breve conversación con un amigo norteamericano. Cada uno de ellos me aportó una enseñanza que quisiera compartir con el lector. Esos episodios (separados en el tiempo por unos pocos días) tuvieron la virtud (así lo creo al menos) de ampliar mi punto de mira. Porque me ilustraron acerca de los fundamentos ideológicos de nuestra comunidad, el rol que Israel debe jugar –actualmente- en nuestra vida judía, y el potencial de la vida judía en la diáspora cuando ésta es consciente de su valía y procura su enriquecimiento.