Cuando las fuerzas militares del autoproclamado “Estado Islámico” ingresaron en la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, provocaron la expulsión de los cristianos allí residentes, y también comenzaron con la destrucción sistemática del patrimonio religioso, arquitectónico y cultural de las iglesias árabes. Esta política deliberada de quema de templos y libros también la están ejecutando contra bibliotecas públicas y privadas con miles de textos sobre filosofía y jurisprudencia islámica, historia y literatura árabe, ciencias y tecnología, arguyendo que su contenido es “ateo e inmoral”.