Hace doscientos treinta años, una pequeña flotilla de barcos llegó hasta Sydney Cove. Esta Primera Flota de 1788 consistió en dos buques de guerra y tres naves con provisiones que contenían ovejas, ganado y caballos, además de provisiones suficientes para dos años. Su carga más importante estaba contenida en seis barcos de transporte: 789 convictos de Gran Bretaña acompañados por cuatro compañías de marinos para vigilarlos. Entre ellos se encontraban 14 judíos y un niño pequeño: estos prisioneros desconcertados y desaliñados constituían los padres y madres fundadores de la presencia judía en Australia.