La comunidad judía de Damasco, reducida hoy a apenas unos pocos miembros tras décadas de éxodo y conflicto, enfrenta un futuro incierto. Sin embargo, recientes gestos de apertura del nuevo gobierno sirio —como la posibilidad de recuperar propiedades y revitalizar espacios históricos— encienden una tenue pero significativa esperanza de reconexión con su pasado