El nuevo libro de Benedicto XVI completa la obra, quitando del sendero del diálogo la última piedra, cuando aclara definitivamente que la responsabilidad en el proceso y en la condena de Jesús es imputable sólo a un grupo restringido de judíos y no puede, de ninguna manera, recaer sobre el pueblo entero, menos aún en todas las generaciones sucesivas. Despejado de este obstáculo el camino, el diálogo entra en la sustancia: «Después de siglos de contraposición, reconocemos como tarea nuestra lograr que estos dos modos de la nueva lectura de las escrituras bíblicas —la cristiana y la judía— entren en diálogo entre sí para comprender rectamente la voluntad y la palabra de Dios».