Los alemanes no quieren olvidar el horror. Hacen bien. El arrepentimiento no consiste en ignorar los crímenes propios, sino en tenerlos presentes a cada momento, para que el dolor y la vergüenza nos impida volver a cometerlos. Esa es la función de la culpa. Berlín no sólo es la capital de Alemania: también lo es de la pena que hoy siente esa sociedad alemana actual por los crímenes cometidos por las generaciones de los nazis y de los comunistas. En una plaza especialmente hermosa de la ciudad hay un edificio que lleva el nombre de «Topografía del Terror». Más que un museo es un latigazo en la conciencia. Alberga explicaciones claras y pedagógicas de cómo los nazis tomaron el poder en 1933 y de las instituciones que luego desataron la más cruel carnicería de la historia: la Gestapo, las SS, el siniestro circuito de campos de concentración donde exterminaron a millones de personas. En las paredes, junto a Hitler, están sus principales cómplices: Himmler, Goering, Eichmann y el resto de la banda criminal.