Es evidente que los palestinos saben jugar al mus con la opinión pública. De ahí que dominen la técnica del órdago, convencidos de que incluso cuando provocan situaciones explosivas, son vistos como víctimas. No importa que no hayan cumplido ninguna de las resoluciones que afectan al conflicto, como la 242, que obliga al reconocimiento de Israel, o la 338 que insta al fin de los hostigamientos violentos. No importa, porque el mundo ha decidido que es Israel quien no las cumple. Y es cierto, pero ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?