En estos momentos no es posible escribir sobre otra cosa más que sobre la libertad de Guilad Shalit. Prácticamente todo Israel contuvo el aliento hasta verlo llegar a su casa en Mitzpé Hilá, en condiciones más o menos aceptables después de cinco años y medio de cautiverio en poder de Hamás en Gaza. Hasta el final, ni la tan citada en el mundo Convención de Ginebra ni la Cruz Roja intervinieron para visitarlo o enviar cartas a sus familiares, ni obtener un informe físico del soldado prisionero.