La mayoría de las veces el antijudaísmo, que desde la fundación del Estado de Israel ha derivado en un antisionismo intelectual y militante, obedece a un desconocimiento de los judíos y de lo que es el judaísmo como religión, pensamiento, cultura y forma de vida. Digo esto porque muchos de los que en las encuestas se manifiestan como antijudíos o antisemitas reconocen que en su vida se han encontrado con un judío y, desde luego, poco o nada saben de judaísmo. La actitud viene de lejos, probablemente de antes del decreto de expulsión de los Reyes Católicos, y ha quedado fijada en la lengua a través de expresiones como judiada, que significa «acción mal intencionada o injusta ejecutada contra alguien», o sinagoga, que además de «templo para los judíos» sería una «reunión de personas que traman algo ilícito o una intriga», como se lee en el María Moliner.
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