Al pie de la tumba, se supone que la mayor parte de los seres humanos pasan balance de su vida, perdonan enemigos, y tratan de rectificar errores. Menos Hugo Chávez. Ni siquiera la grave enfermedad que lo aqueja, ha logrado modificar su comportamiento. En efecto: la gran crisis latinoamericana de 2012 ya asoma su cabeza. La desatará Hugo Chávez por sus peligrosos lazos con Irán, tanto en el terreno de la fabricación de armas nucleares como en la colaboración con los grupos terroristas islámicos. Si Chávez muere en los próximos meses, al margen del caos económico y social que les dejará a sus compatriotas, ése será su legado: un conflicto con Washington, con Israel, con los intereses de su propio pueblo. El senador demócrata norteamericano Bob Menéndez y la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen -ambos figuras fundamentales en la política exterior de Washington-, ya han pedido una investigación a fondo de las actividades belicistas del venezolano.
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