Tras el triunfo de la revolución que acabó con 30 años de gobierno de Hosni Mubarak, la euforia ha dado paso a la incertidumbre en Egipto, con una Junta Militar remisa a soltar las riendas y una titubeante democracia que parece encumbrar a los islamistas. La celebración desde diciembre de unos complejos comicios legislativos que finalizarán en marzo es el primer paso de la transición, que deberá terminar con la transferencia del poder a un presidente civil elegido antes de junio de 2012.