Recorre América Latina -y nuestro país no es la excepción- un catálogo de frases hechas y seudoverdades que clasifican de un modo automático al ciudadano que ose pensar. En virtud de ese catecismo se es progresista o reaccionario, antiimperialista o vende patria, a juicio de núcleos que se siguen autodenominando de izquierda, pese a que la realidad les cambió el libreto en medio de las ruinas del llamado socialismo real, el único que existió, y cuyo invariable legado fue la pérdida de la libertad y la penuria económica. Desde ya que quien recuerde que los palestinos no tienen un Estado porque en 1948 -cuando Naciones Unidas creó dos Estados, el árabe y el judío- el mundo árabe rechazó esa creación, es alguien trasnochado. Si añade que la paz solo podrá construirse mediante el diálogo entre palestinos y árabes, es un yanquista despreciable o una simple víctima ingenua de la propaganda sionista.