Pareciera que los esfuerzos de Irán para cultivar el apoyo político de América Latina en un momento de creciente tensión internacional por su programa nuclear, se toparon con un obstáculo: Brasil, un centro económico neurálgico en la región. Después de que el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad realizó un recorrido por cuatro países latinoamericanos este mes, uno de sus principales asesores intentó darle un golpe público a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cuando dijo que «destruyó años de buenas relaciones» entre ambos países.