A partir de la caricatura publicada en el Suplemento NO de Página12, y las reacciones posteriores, tanto dentro como fuera del ámbito comunitario, el autor reflexiona desde una perspectiva crítica acerca de los límites del tratamiento humorístico de la Shoah y la banalización de sus significantes. El filosofo Slavoj Zizek sostenía hace algunos años que el rasgo característico de la subjetividad posmoderna es su paradójica sumisión al imperativo del goce. Vivimos en una sociedad que ha creado el café sin cafeína, el salame sin grasa y, desde el Viagra, la erección sin deseo. No hay por lo tanto más excusas para no disfrutar de una libertad sin culpas. Así se invierte el imperativo de Kant: “Tu puedes porque debes”, en un nuevo imperativo: “Tu debes porque puedes”. El secreto de esa subjetividad es que no encuentra un “otro” contra el cual constituirse como sujeto autónomo. Lo “transgresor”, visto de esta manera, asume la dimensión de un fraude del sistema.