Como se habrá usted enterado, una obra pictórica de Adolf Hitler fue subastada hace unos días, triplicando el valor esperado. Es curioso que en un continente donde los jugadores de fútbol son condenados por insultarse entre sí, se permita comprar alegremente un cuadro de Hitler. Seamos realistas, la obra es una porquería por donde se la mire, un cuadro de un pintor bisoño acerca de uno de los temas más trillados en la historia de la pintura. Es evidente que quien la compró no lo hizo por su valor artístico sino porque la pintó quien la pintó. Esto nos lleva a suponer que el comprador admira al autor, lo que convierte la transacción en una flagrante apología del nazismo. Y por si fuera poco el hecho en sí, la noticia ha sido publicada en todos los diarios del mundo.