El líder sirio Bashar Asad, confrontado a una rebelión y a sanciones por una virulenta represión, dijo ayer que nunca ordenó disparar contra manifestantes, prometió un referendo en marzo y juró combatir con «mano de hierro» el «terrorismo». La intervención televisiva del mandatario, de casi dos horas, se produjo durante una misión de observación de la Liga Árabe, denunciada por la oposición por su incapacidad para detener el baño de sangre.