Las autoridades de Irán están poniendo el planeta al rojo vivo. Sus amenazas ya no apuntan solo a Israel, aunque siempre seremos su primer objetivo en caso de conflicto bélico. La posibilidad de guerra con Irán desestabiliza de por si el tablero mundial. De producirse realmente, cada país de la zona (e incluso los lejanos) tendrá que tomar rápidamente una posición que los pondrá en uno u otro bando. Al hacerlo afrontaran los beneficios y las perdidas, los riesgos propios de sus responsabilidades. Estamos viendo incluso movimientos y decisiones de países árabes que no quieren saber nada de un Irán encumbrado y mucho menos con armas atómicas. Casi nos sorprende Jordania tratando de ayudar a que mejore la situación entre israelíes y palestinos intentando conseguir la continuación de las conversaciones. A pesar de que los jordanos tienen interés directo en el asunto por la gran cantidad de refugiados que albergan en su territorio, el peligro iraní mueve también aquí las piezas y pasa a ser el peligro prioritario, el frente más complejo que todos tendrán que afrontar. Ante esa situación es mejor que otros problemas estén encaminados a una solución.