Cuando el rabino Yitshak Ehrenberg se mudó a Berlín hace 15 años, encontró que era casi imposible llevar un estilo de vida kosher. Apenas había tiendas que ofreciesen comida preparada de acuerdo a las leyes dietéticas del judaísmo, hoteles que satisficiesen las necesidades de judíos devotos en el sabbat o servicios de comida capaces de atender grandes celebraciones de la comunidad.