Existen varios motivos para participar de la llamada Marcha por la Vida. Son muchos y van más allá del ser judío, lo que no es excluyente. Los de Sergio Oberlander, presidente del Keren Hayesod (KH) Uruguay, incluyen honrar la memoria de su madrina Lili, sobreviviente de Auschwitz. Según el contador Eduardo Zaidensztat, exdirector de Rentas, era una obligación moral en momentos de voces alzadas negando el Holocausto y resurgimiento de grupos neonazis en Europa, caso Grecia; esto último, más la «necesidad de combatir la indiferencia», es un argumento generalizado. Para Freddy Nieuchowicz, más conocido como el licenciado Orlando Petinatti, estaba la necesidad «como comunicador» de transmitir lo que relatan los vestigios de las máquinas de matar de los nazis. Boris Igelka, abogado, sentencia: «Era una asignatura pendiente. No es lo mismo leer sobre el Holocausto que estar ahí». Y lo que se siente al «estar ahí» es muy difícil de poner en palabras. Así lo dicen; aún así lo intentan.