La capital de Rumania, Bucarest, fue uno de las grandes capitales judías de Europa, contando con una población hebrea que rondaba los cien mil miembros y con una buena red de instituciones, escuelas, sinagogas, cementerios y todos los servicios propios de una comunidad. El origen de los judíos rumanos se remota a la Edad Media, más concretamente a la época otomana, pues estos territorios pertenecían a la Sublime Puerta o gozaban de una relativa autonomía si pagaban algunos tributos al sultán turco.