Los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en julio de 1994, demuestran la poca eficiencia gubernamental para llevar a los culpables frente a la justicia. Se ha acusado a funcionarios por encubrir o ser cómplices del terrorismo, principalmente, en los hechos contra la AMIA, sin que hasta ahora hayan sido castigados. Los actos de terror deben hacer reflexionar a quienes velan por la seguridad de nuestros Estados, ya que lo que se consideraba posible solamente en Oriente Próximo dejó de ser así y pasó a tocar las puertas de nuestro continente; mucho antes de los atentados contra las Torres Gemelas, quedó claro que el terrorismo está más cerca de lo que pensamos.