Guilad está en casa. Como lo están los 457 criminales palestinos liberados. Un cambio que en cualquier balanza habría sido imposible, porque las medidas se hubiesen vuelto locas (eso de las proporciones que tanto enarbolan en Occidente al hablar de Israel). Pero el respeto a la vida de Israel lo hizo. Guilad está en casa, y a pesar de que aún quedan presos palestinos -juzgados dentro de la más estricta legalidad, con asistencia de letrados defensores; recluidos en cárceles estatales, gozando de los derechos humanos elementales-, los jihadistas lanzan ataques contra la población civil israelí.