Como ocurrió el martes en el Senado, los Diputados replicaron ayer en su sesión ordinaria una declaración de repudio a los atentados perpetrados por integrantes del Estado Islámico en varias partes del mundo.
Como ocurrió el martes en el Senado, los Diputados replicaron ayer en su sesión ordinaria una declaración de repudio a los atentados perpetrados por integrantes del Estado Islámico en varias partes del mundo.
El número de muertos en atentados terroristas en todo el mundo ascendió a 32.685 personas en 2014, un 80 % más que el año anterior, y cerca de la mitad de las víctimas fueron civiles, según el Índice de Terrorismo Global publicado hoy. El Estado Islámico (EI) y Boko Haram reclamaron la autoría del 51 % de esas muertes, que se concentraron en Irak, Afganistán, Nigeria, Pakistán y Siria.
Escribo estas líneas inmediatamente después de los bárbaros atentados terroristas cometidos recientemente en París. Naturalmente conmocionado. Como todos. Cuando el llamado Estado Islámico ha reconocido su autoría, como si sus acciones fueran un paso «normal» en una guerra feroz que, para el fanatismo islámico, está en curso. (Recordamos que el autor, Emilio Cárdenas, será orador mañana jueves 19 en el Acto Conmemorativo de la Noche de los Cristales Rotos a realizarse en B’nai B’rith).
¿Cuánto falta para que bombas de cloro como las ya utilizadas en Siria hagan estragos en alguno de los países vecinos? ¿Cuánto falta para que Daesh, el llamado Estado Islámico, despache sus primeras armas radiológicas o bombas sucias hacia Ankara, Amán, Tel Aviv o alguna ciudad de Occidente?