Más allá de su impacto político, los jihadistas de Estado Islámico dirigen su furia integrista hacia las minorías religiosas de Medio Oriente y, según alertan cada vez más voces, están llevando allí al cristianismo al borde de la extinción
Más allá de su impacto político, los jihadistas de Estado Islámico dirigen su furia integrista hacia las minorías religiosas de Medio Oriente y, según alertan cada vez más voces, están llevando allí al cristianismo al borde de la extinción
Los avances del Estado Islámico (EI) en Irak y Siria y los genocidios en zonas ocupadas han obligado a los gobiernos de Europa y de Estados Unidos a enfrentar el problema del único modo posible, con una guerra. Guerra que, por lo demás, fue declarada por del EI.
La actualidad no se puede conjugar en tiempo pasado. Las situaciones de las que somos testigos hoy hay que describirlas con la frialdad con la que suceden, por más dramáticas e inexorables que parezcan. Estamos asistiendo al germen de un horror colectivo producido por la diabólicamente inteligente estrategia del Estado Islámico. Sus ejecuciones -que, debido a la era de las comunicaciones se ven en todo el mundo- nos llevan de manera inevitable a volver los ojos hacia la realidad de la comunidad de ascendencia árabe y musulmana en América Latina.
Los yihadistas del Estado Islámico instruyen a los niños sirios en el uso de las armas y les entrenan en campamentos militares de adultos, revelan los periodistas sirios.