La actualidad no se puede conjugar en tiempo pasado. Las situaciones de las que somos testigos hoy hay que describirlas con la frialdad con la que suceden, por más dramáticas e inexorables que parezcan. Estamos asistiendo al germen de un horror colectivo producido por la diabólicamente inteligente estrategia del Estado Islámico. Sus ejecuciones -que, debido a la era de las comunicaciones se ven en todo el mundo- nos llevan de manera inevitable a volver los ojos hacia la realidad de la comunidad de ascendencia árabe y musulmana en América Latina.