Desde que el pasado 6 de diciembre Donald Trump reconociera públicamente a Jerusalén como capital de Israel y ordenara el traslado de su Embajada, hasta ahora ubicada en Tel Aviv, ha vuelto la encarnizada lucha de narrativas -que es otro de los frentes, quizás el más activo- del conflicto entre israelíes y palestinos. La declaración de Trump ha sido tachada de irresponsable, de incendiar Oriente Medio y de enterrar nuevamente del proceso de paz; sin embargo, puede que reconocer a Jerusalén como capital de Israel no sea tan malo, ni tan injusto