Vale ya de tonterías. La declaración de Trump del pasado miércoles de que Jerusalén es la capital de Israel es más bipartisana que cualquiera cosa que haya dicho como presidente, y probablemente que cualquiera de las que le quedan por decir. En 1995 el Congreso de los Estados Unidos aprobó, por una abrumadora mayoría bipartisana, una ley en la que se decía: “Jerusalén debería ser reconocida como la capital del Estado de Israel; y la embajada de EEUU en Israel debería ser establecida en Jerusalén no más tarde del 31 de mayo de 1999”. Esta ley, aprobada por una extraordinario 93-5 cuando Bill Clinton era presidente, no tuvo el menor efecto sobre la cumbre de Camp David, que habría dado Jerusalén Oriental a los palestinos como capital de su Estado soberano si el presidente de la Autoridad Palestina, Yaser Arafat, hubiera preferido la paz a la guerra.
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