Jerusalem, Ciudad de la fe donde miles rezan por la paz

Jerusalem, Ciudad de la fe donde miles rezan por la paz

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Es la ciudad de la fe, musulmana, judía y cristiana. Su valor material —debido a su rica e inigualable historia— es incalculable, pero ese valor no es el que importa ni se tiene en cuenta por ninguna de las partes involucradas en un proceso histórico que atrapa y provoca desavenencias hasta nuestros días, sino el de ser un símbolo espiritual y de devoción. Es la ciudad que muchos han conquistado, pero en realidad parece un sueño inalcanzable. Los cuatro kilómetros cuadrados de la ciudad bíblica, histórica de Jerusalén han sido destruidos, reconstruidos, y sometidos —desde el año 63 AC hasta 1948— al dominio romano, bizantino, árabe, cruzado, mameluco, otomano y británico, en una historia intensa marcada por la pasión de los tres credos religiosos, pero también por la violencia, la persecución y la conquista despiadada.

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Jerusalén: ciudad santa que existe en la tierra y en el cielo

Jerusalén: ciudad santa que existe en la tierra y en el cielo

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Imposible decir si las palabras del gran profeta marcaron su futuro. Pero, si bien algunas ciudades tienen destinos trágicos, ninguna puede ser comparada con Jerusalén. Dos veces destruida, cuarenta veces sitiada, incendiada y ocupada, sus habitantes fueron masacrados, crucificados, deportados y vendidos como esclavos. Y cuando reinó la paz, los jerosolimitanos se mataron entre ellos, víctimas de una locura bíblica. Sin embargo, ningún otro lugar en el mundo evoca semejante deseo de posesión exclusiva. Como una amante inalcanzable, Jerusalén tiene una forma única de atraer y desesperar, de enamorar y de atormentar. El contraste entre la ciudad material y la espiritual es tan doloroso que un centenar de pacientes ingresan cada año a los hospitales locales, víctimas del «síndrome de Jerusalén», delirio de anticipación, de decepción y de ilusión.

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Obvio, Jerusalén

Obvio, Jerusalén

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La justicia poética siempre es justicia del sentido común. El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel pone fin a un mezquino absurdo de la historia moderna. Sobre todo, contribuye a restaurar el principio de realidad en un conflicto emponzoñado por la demagogia del mundo árabe, la pusilanimidad de Occidente y la incapacidad de los palestinos para darse un liderazgo viable y honesto.

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