Zeus la encontró tan hermosa que se transformó en un toro blanco para poder seducirla y, bajo un plátano de Creta, la hizo suya. Fue así como la bella Europa se convirtió en la reina de la gran isla del Egeo y, loada por Ovidio y Herodoto, dejó para la posteridad uno de los mitos más intensos de la antigua Grecia. También donó su nombre mítico a un continente que, con los siglos, se convertiría en una tierra convulsa e intensa, tan herida por sus horrores, como enaltecida por sus ideales. Europa es un continente trágico y épico a la vez, capaz de viajar por los siglos balanceándose entre el cielo y el infierno.