No me cabe duda de que el señor embajador de la República Islámica de Irán, Hojjatollaj Soltani, debe ser declarado persona no grata y expulsado del país sin más trámite. Sus dichos, en los que puso en cuestión la realidad del Holocausto en tiempos de la barbarie nazi, son, desde luego, una agresión a la comunidad, una ofensa a todo el pueblo oriental, a su larga y hermosa historia de identificación con los más débiles, a su tradicional actitud de brazos abiertos y a su visceral repudio de toda forma de discriminación.