Según el del Estatuto de Roma, para que se produzca apartheid debe haber “opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales, con la intención de mantener ese régimen”. En Israel conviven aproximadamente dos millones de ciudadanos árabe-israelíes con plenos derechos: de participación en el sistema político con partidos en el Parlamento, de expresión, de movimiento, de credo, de compraventa de tierras, de orientación sexual y, básicamente, cualquier otra libertad que se negaba a los negros en la Sudáfrica del apartheid.