Hace 70 años los 650.000 judíos que residían en Palestina vivieron los tres minutos más largos e inciertos de la milenaria historia de su pueblo. Se congregaron en torno de aparatos de radio en sus casas, en bares y confiterías, en almacenes y en las plazas públicas para seguir voto a voto la sesión histórica que celebraba la Asamblea General de Naciones Unidas, a miles de kilómetros de distancia, en Long Island —el foro mundial todavía no tenía su sede en la costa del East River, en Manhattan— para aprobar el Plan de Partición de Palestina, del que surgiría el Estado de Israel.