Las rebeliones civiles en países árabes y el terrorismo de Al Qaeda, vuelto a un resonante primer plano con la muerte de Osama bin Laden, constituyen una advertencia a las potencias occidentales sobre el rumbo de sus políticas en el Medio Oriente. En defensa de sus intereses y de concepciones ideológicas, Estados Unidos y las principales naciones europeas han intervenido durante largo tiempo en el mundo árabe, bajo formas y grados diferentes. Han respaldado y asistido en la instalación de regímenes que muchas veces derivaron en autocracias represivas, contra las que finalmente se alzaron en protesta masas de población, como ha ocurrido en Egipto, Libia, Túnez y otros estados levantinos.
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