“He hecho lo mejor que pude para ser judío. Pude haber fracasado… Si pertenecemos a la civilización occidental, entonces todos nosotros, a pesar de las muchas aventuras de la sangre, somos griegos y judíos… Muchas veces me pienso judío pero me pregunto si tengo derecho de hacerlo.” Así reflexionaba Borges, con ironía, acerca de su interesante y eterna relación con el judaísmo.