Graves amenazas se ciernen sobre el futuro de la llamada «primavera árabe» seis meses después del comienzo de unas revueltas que barrieron a los presidentes tunecino y egipcio y provocaron crisis en Libia, Siria, Yemen y Bahréin. La seguidilla de protestas y revueltas, que azuzaron las esperanzas democráticas en esta región del mundo, se convirtieron en un cortejo de conflictos, crisis y graves problemas económicos. «La situación es más difícil», estima Rabab al Mahdi, profesora de ciencias políticas de la Universidad Americana de El Cairo (AUC).