Entre los espías estadounidenses hay algo más de nostalgia por los tiempos anteriores a que los dictadores comenzaran a ser derrocados en Medio Oriente, cuando a los sospechosos de ser malos tipos se les agarraba en las calles y entregaba para que quedaran a la merced, por cierto poco suave, de los interrogadores en sus países de origen y cuando los rufianescos tiranos, por terribles que fueran, al menos resultaban predecibles.