Así expresó Hanna Arendt, entonces corresponsal del New York Times, el sentimiento que le generó escuchar los testimonios de Adolf Eichmann en el comienzo de los años 60 en su juicio en Israel. Expresó esta frase emblemática en su libro Eichmann en Jerusalem, editado en 1963. ¿Qué pasa hoy en Uruguay con los dichos de diplomáticos iraníes acreditados en nuestro país? Se reitera la lógica reacción consecuente de la comunidad judía, pues “la herida” de nuestros seres queridos asesinados, es una herida no cerrada que no cicatrizará ni hoy ni nunca, pero se siguen corriendo los mismos riesgos.