Los valores religiosos y «el mercado de bienes de salvación» permanecen activos con mucha fuerza en la vida de la sociedad. Sin embargo, la relación de las personas con lo religioso se encuentra en una fase de «cambios profundos». Esos cambios hicieron explotar el monopolio de la Iglesia Católica; propiciaron la aparición de una multiplicidad de ofertas de credos y grupos segmentados; y una creciente libertad individual que hace que los creyentes sigan manifestándose como tales aunque sin concurrir a ninguna iglesia.