Protestas callejeras, manifestaciones populares, miles y miles se molestan en salir de sus casas para exigir lo que consideran es justo y quejarse contra lo que ven mal. Es bueno, es sano, es propio de democracia. Y está pasando hoy en Israel. Cada uno tendrá su opinión sobre lo justo de las exigencias y la repartición de culpas por los problemas a resolver –ya que claro está que los procesos que hoy deben ser corregidos, no comenzaron con el gobierno actual-pero mientras se trate de protestas no violentas, deben tener un lugar claro en la vida pública de Israel. Las protestas que estallaron hace pocas semanas en Tel Aviv por la carestía de la vivienda y que se han ido extendiendo a diferentes partes del país con una agenda más amplia, son una expresión popular a la que las autoridades deben prestar atención, ya que reflejan un auténtico sentimiento de diferentes sectores de la población, de que hay no pocas cosas que corregir. Pero ahora, justamente al iniciarse en El Cairo el juicio al ex Presidente de Egipto Husni Mubarak, nos parece importante aclarar: estas manifestaciones, no son el paralelo de la Plaza Tahrir.