La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y muchos otros mandatarios quieren que Palestina sea reconocida ya como un país independiente y miembro pleno de la ONU. Dicen que, además de ser en su opinión justo, privaría a los terroristas de «coartadas». ¿También están a favor de un Estado kurdo libre y soberano? Claro que no. Aunque los aproximadamente 60 millones de kurdos, de los que entre 20 y 25 millones viven en Turquía donde han sido víctimas de persecución sistemática, merecen su propio Estado, a pocos occidentales les interesa su causa. Tampoco motiva preocupación y discursos apasionados ante la Asamblea General de la ONU el destino trágico de otras minorías étnicas, lingüísticas o religiosas en el gran Medio Oriente: los musulmanes negros de Darfur en Sudán, los coptos de Egipto y los demás cristianos que, para indignación de sus vecinos más fanatizados, aún quedan en los países de la región. Se entiende: sería difícil atribuir sus desgracias a los judíos.