El desafío es muy difícil y las amenazas no son pocas. No obstante, el proyecto de un Egipto democrático ya superó su primer gran obstáculo y ahora se abren las puertas a una instancia de cambio y edificación de una nueva institucionalidad. Es un resultado necesario para el mayor de los Estados árabes y también para la paz mundial, tan atada a los sucesos en esta conflictiva región.