Por Lic. Rafael Winter (Rufo) para Identidad
Por Lic. Rafael Winter (Rufo) para Identidad
El vicecanciller de Israel, Danny Ayalon, cargó duro contra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al señalar a Caracas como “la entrada para Irán en Latinoamérica”. En una entrevista concedida a la Agencia Judía de Noticias (AJN) con motivo de conmemorarse el 20 aniversario del atentado a la Embajada de Israel en la Argentina, Ayalon consideró que aquel país que favorece la penetración iraní “no solamente es irresponsable, sino que también es inmoralmente incorrecto y estratégicamente peligroso para toda la zona y el continente latinoamericano”.
En Israel, multitudes van a ver la película iraní ganadora del Oscar “Una separación”, del director Asghar Farhadi, quien en su alocución al recibir el máximo galardón cinematográfico dedicó su película “al pueblo de mi país que respeta a todas las culturas y civilizaciones y desprecia la hostilidad y el resentimiento”. Esa obviamente no fue la posición oficial. El gobierno iraní celebró el premio como una victoria contra la película “rival” del “régimen sionista” “Nota al pie de página”. Pero claro está, en Teherán no se exhibe la película israelí que fue nominada para el premio Oscar. Para la dictadura teocrática iraní, Israel es el enemigo jurado y cualquier acceso a su cultura debe estar prohibido. ¿Por qué? ¿De dónde nace esa hostilidad? Sin duda, la raíz es religiosa pero su instrumentación tiene claros objetivos políticos.
El diario argentino Clarín publica un artículo titulado: “El temor de los países árabes a Irán es mayor que el que le tienen a Israel” en el que un académico de la Universidad de Tel Aviv presenta una perspectiva más abierta a la que suelen ofrecer los medios de comunicación sobre el conflicto en Oriente Medio. A veces, da la impresión de que sólo Israel tiene interés por evitar que Irán tenga un arma nuclear o, bien, que el Gobierno de Netanyahu repudia la democracia porque tener reticencias sobre el movimiento de la ‘Primavera Árabe’.